La prodigiosa violinista Pilar Policano será la protagonista de una noche de gala junto a la Sinfónica

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10 DE ABRIL 2026, 16:17 / A sus 18 años, la joven estrella argentina que deslumbra en los escenarios llega a Mendoza para interpretar a Brahms bajo la dirección de otro invitado de lujo, el maestro Luis Toro Araya.

El ciclo de la Orquesta Sinfónica UNCUYO en el que destaca la visita de importantes solistas y directores internacionales, tendrá una de sus noches cumbres con la visita de la joven violinista argentina Pilar Policano quien a su corta edad ya brilla en las principales salas de europa y del país. Por su parte, el podio será asumido por otro importante invitado de honor, el maestro chileno Luis Toro Araya.

El telón se abrirá con el estreno en Argentina de Canción de cuna para Fuegia Basket, del joven y galardonado compositor chileno Tomas Brantmayer. La obra propone una reflexión sonora profunda sobre la memoria, el despojo y la identidad.

La atención se centrará, luego, en la joven prodigio Pilar Policano, quien asumirá el desafío técnico y expresivo del Concierto para violín op. 77 en Re mayor de Johannes Brahms, considerada una de las obras más importantes y difíciles escritas para el instrumento

El programa culminará con el poema sinfónico Don Juan de Richard Strauss, basada en los versos de Nikolaus Lenau. La misma destaca por su orquestación exuberante y su capacidad para narrar, a través del sonido, la intensidad y el heroísmo del famoso personaje.


El concierto tendrá lugar el sábado 18 de abril a las 20:30h en la Sala Roja de la Nave UNCUYO.

Las entradas se pueden adquirir en www.entradaweb.com.ar. Su valor es de $15.000 general y $12.000 para estudiantes, docentes, personal no docente y jubilados/as. También se pueden comprar personalmente en boletería de la Nave UNCUYO (Maza 250, Ciudad) de martes a domingo de 17.30 a 22h. 

El ingreso estará habilitado 30 minutos antes del inicio de la función, se ruega puntualidad. Una vez comenzado el concierto no se permitirá el ingreso de público en la sala.


Programa

Sábado 18-04 (20:30h)
Sinfónico III: Brahms, Strauss y Brantmayer

Director invitado: Luis Toro Araya
Solista: Pilar Policano, violín

  • Tomas Brantmayer: Canción de cuna para Fuegia Basket (estreno en Argentina)
  • Johannes Brahms: Concierto para violín
  • Richard Strauss: Don Juan (Poema Sinfónico)

SOBRE LAS OBRAS

Tomas Brantmayer (1992)
Canción de cuna para Fuegia Basket 

En febrero de 1830 el HMS Beagle emprendió viaje desde Tierra del Fuego hasta Inglaterra bajo el mando del comandante Robert Fitz Roy, quien tomó cautivos a un grupo de 4 indígenas.

Fuegia era uno de ellos, tenía entre 8 y 9 años y la llamaron así porque para los ingleses su canoa parecía un canasto, pero en realidad se llamaba Yokcushlu.
Después de aprender inglés y ser educada bajo las costumbres europeas y la religión católica fue devuelta en 1831 a la Patagonia. Navegó desde la edad de piedra hasta la revolución industrial, viajó miles de años hacia el futuro, y después, miles de años hacia el pasado.

A su regreso retomó su estilo de vida kawésqar, pero hablando la mitad en inglés y la mitad en su lengua materna. Nunca volvió a ser la misma. Ni inglesa ni kawésqar.
Para ese entonces Chile tenía 20 años.
Hoy tiene 208 pero aún llora indígena, mujer y niño.

Tomás Brantmayer, una de las voces más relevantes de la nueva generación de compositores chilenos, propone en esta obra una reflexión sonora sobre la memoria, el despojo y la identidad. "Canción de cuna para Fuegia Basket" no es una pieza de descanso, sino un acto de reparación histórica a través del sonido.

Brantmayer subvierte la forma tradicional de la "canción de cuna". En lugar de la dulzura convencional, la orquestación evoca un paisaje gélido y una melancolía persistente. La voz (generalmente mezzosoprano) se convierte en el vehículo de un lamento que oscila entre la fragilidad de la infancia perdida y la fuerza de una cultura que resiste al olvido.

La pieza utiliza texturas contemporáneas y microtonalidad para sugerir el viento austral y el aislamiento, creando un espacio donde el tiempo parece detenerse. Es, en esencia, un arrullo póstumo y una denuncia que busca devolverle la humanidad a quien fue tratada como un objeto de curiosidad científica.

Johannes Brahms (1833-1897)
Concierto para violín en Re mayor, Op. 77

Compuesto en el verano de 1878, este concierto es uno de los pilares del repertorio para violín, nacido de la estrecha colaboración y amistad entre Brahms y el legendario violinista Joseph Joachim. A diferencia de los conciertos de la época, que buscaban el lucimiento pirotécnico del solista, Brahms concibió esta obra como un "concierto sinfónico", donde el violín y la orquesta dialogan en igualdad de condiciones.
                        I. Allegro non troppo: De proporciones monumentales, el movimiento se aleja de la brillantez superficial. El violín entra con una nobleza lírica, enfrentándose a una textura orquestal densa y compleja que exige una resistencia física y mental absoluta del solista.
                        II. Adagio: Tras un famoso solo de oboe que introduce el tema principal —al que el violín responde con sutiles variaciones—, este movimiento es una de las páginas más serenas y bellas de Brahms, descrita por algunos críticos de la época como una "escena de amor pastoral".
                     III. Allegro giocoso, ma non troppo vivace: En homenaje a las raíces húngaras de Joachim, Brahms cierra la obra con un rondó de carácter gitano. Es un movimiento enérgico, rítmicamente audaz y de una alegría contagiosa que exige un virtuosismo técnico deslumbrante.

Richard Strauss (1864-1949)
Don Juan, Op. 20 (Poema Sinfónico)

Si Brahms representa la culminación de la tradición, el joven Richard Strauss —con apenas 24 años— sacudió los cimientos de la música europea con el estreno de Don Juan en 1889. Basado en los versos del poeta Nikolaus Lenau, este poema sinfónico no es solo una narración de las conquistas de un seductor, sino un retrato psicológico del idealismo, la pasión y, finalmente, el vacío existencial.

La obra comienza con uno de los arranques más electrizantes de la historia de la música: un arrebato de las cuerdas que simboliza el ímpetu vital del protagonista. A lo largo de la pieza, Strauss despliega una orquestación revolucionaria para su tiempo:
                  -El heroísmo: Representado por el famoso y brillante tema de los cuatro cornos en unísono, que proyecta la imagen de un hombre en busca de la mujer ideal.
                  -El lirismo: Los encuentros amorosos se describen con solos de maderas y cuerdas de una sensualidad desbordante.
                  -El final: Lejos de un cierre triunfal, la obra termina en una nota de profunda desolación. Tras un silencio dramático, un último destello de la orquesta señala la derrota espiritual y la muerte del héroe, dejando al oyente en una atmósfera de introspección melancólica.